
Hay personas cuya trayectoria profesional no puede entenderse sin conocer también su vocación de servicio. Ese es el caso de Lizbeth Alfaro, orientadora y dirigente del movimiento Guías y Scouts de Costa Rica, quien recientemente recibió un reconocimiento por su aporte a esta organización en el marco de la conmemoración de los 50 años de la firma de su ley constitutiva.
Su historia con el servicio comenzó desde muy joven. Participaba activamente en grupos juveniles y actividades comunitarias cuando unas vecinas la invitaron a una fogata organizada por el movimiento scout. Aquella experiencia fue suficiente para descubrir un espacio donde encontró sentido, pertenencia y propósito.
“Mi participación en el movimiento es un estilo de vida”, afirma. Una frase que resume perfectamente una trayectoria construida desde la coherencia entre lo que piensa, lo que cree y lo que hace.
Aunque inició sus estudios universitarios en Sociología, pronto comprendió que su verdadera pasión estaba en el trabajo directo con las personas. Fue así como ingresó a la carrera de Orientación en la Universidad de Costa Rica, una decisión que marcaría el rumbo de toda su vida profesional.
Desde sus primeros nombramientos en centros educativos hasta su extensa trayectoria en la Universidad de Costa Rica, Lizbeth encontró en la Orientación una forma de materializar su deseo de acompañar a otras personas en sus procesos de crecimiento y toma de decisiones.
Su experiencia profesional la llevó a desempeñarse en distintos escenarios educativos. Trabajó en colegios, participó en proyectos pioneros de Orientación en primaria y, posteriormente, desarrolló una larga carrera en la Universidad de Costa Rica, donde laboró durante más de tres décadas.
Uno de los capítulos más significativos de su vida profesional estuvo relacionado con la atención a estudiantes con discapacidad. Desde la coordinación del Centro de Atención a Estudiantes con Discapacidad y su participación en diversas comisiones institucionales, impulsó acciones dirigidas a promover la igualdad de oportunidades y la inclusión dentro de la educación superior.
Para ella, la Orientación no consiste únicamente en brindar información o acompañamiento, sino en contribuir a que cada persona descubra sus capacidades y construya su propio proyecto de vida.
Cuando se le consulta sobre la relación entre su profesión y su participación en Guías y Scouts, Lizbeth no encuentra diferencias. Ambos espacios, explica, comparten una misma esencia: formar personas.
Ya sea desde la orientación profesional o desde la educación no formal, el objetivo siempre ha sido acompañar a niñas, niños y jóvenes en su desarrollo integral, ayudándoles a descubrir sus fortalezas y a convertirse en protagonistas de sus propias vidas.
Esa convicción la ha llevado a mantenerse activa dentro del movimiento scout incluso después de su jubilación. Actualmente forma parte del Comité de Memoria Institucional, donde trabaja en la recopilación y preservación de la historia de la organización.
Al mirar hacia atrás, Lizbeth reconoce que uno de los mayores privilegios de su carrera ha sido comprobar que su trabajo impactó positivamente la vida de otras personas.
Más allá de los cargos ocupados o de los proyectos desarrollados, lo que más satisfacción le genera es saber que sus aportes ayudaron a abrir oportunidades, promover la inclusión y acompañar procesos de crecimiento personal y profesional.
A las nuevas generaciones les recuerda que el primer requisito para ejercer la profesión es enamorarse de ella.
“Somos facilitadoras de procesos”, señala. “Las personas tienen que vivir sus propias experiencias y tomar sus propias decisiones. Nuestro papel es acompañarlas en ese camino”.
Detrás de la orientadora comprometida hay también una mujer profundamente vinculada a su familia, a sus amistades y a su vida espiritual.
Madre de dos hijos, orgullosa de los vínculos que ha construido a lo largo de los años y activa participante de su comunidad, Lizbeth encuentra felicidad en los pequeños espacios de encuentro con las personas que ama.
Mantiene una participación constante en actividades comunitarias y espirituales, conserva amistades de distintas etapas de su vida y disfruta seguir construyendo proyectos colectivos.
Ella misma se define como una persona de fe, optimista y convencida de que las personas siempre tienen la capacidad de crecer y transformarse.
Quizás por eso, cuando se escucha su historia, resulta evidente que el reconocimiento recibido no premia únicamente años de servicio dentro de una organización. También reconoce una forma de vivir.
Una vida en la que orientar, acompañar y servir han sido mucho más que una profesión: han sido una elección cotidiana.
