
Hablar de Orientación en los centros educativos es hablar de presencia, de escucha y de acompañamiento oportuno en momentos clave del desarrollo de las personas estudiantes.
Es una labor que, desde distintos contextos, deja huellas profundas no solo en las aulas, sino también en los corazones de quienes reciben ese apoyo.
En el ámbito de la educación primaria, las personas profesionales en Orientación desempeñan un papel esencial en el desarrollo integral de niñas y niños. Desde edades tempranas, su trabajo permite identificar tanto necesidades como fortalezas, acompañando procesos que impactan directamente en el bienestar emocional, social y académico del estudiantado.
La Orientación en primaria no se limita a intervenir cuando surgen dificultades, por el contrario, se caracteriza por su enfoque preventivo. A través del fortalecimiento de habilidades socioemocionales como la autoestima, la empatía, la autorregulación y la resolución de conflictos, se sientan bases sólidas para el futuro. Además, se brinda atención individual y grupal ante situaciones emocionales, familiares o conductuales, articulando esfuerzos con docentes, familias y redes de apoyo.
Este acompañamiento cercano convierte a la Orientación en un espacio seguro para las niñas y los niños, quienes muchas veces encuentran allí la confianza para expresar lo que sienten. Los gestos simples como un abrazo, un dibujo o una sonrisa son reflejo del impacto de esta labor. Asimismo, las familias y el personal docente reconocen en las personas orientadoras un apoyo clave para comprender y atender las necesidades del estudiantado.
Sin embargo, este trabajo también enfrenta desafíos importantes: la creciente complejidad de las situaciones que se atienden, la alta demanda, la necesidad de dar seguimiento constante a múltiples casos y las exigencias administrativas. A pesar de ello, el compromiso se mantiene firme, impulsado por la convicción de que cada intervención puede marcar una diferencia significativa en la vida de una persona.
Por otro lado, en los pueblos originarios o territorios indígenas, la Orientación adquiere una perspectiva vindicadora. En estos contextos, las personas orientadoras construyen puentes entre culturas, reconociendo en cada estudiante una historia valiosa de manera que la persona que tengo al frente merece el apoyo, respeto y la atención preventiva independientemente de su condición.
Las personas orientadas llegan con gran expectativa, porque se encuentran llenas y llenos de saberes, tradiciones y sueños, hemos hecho lo posible y decimos: ¡vamos a apoyarles!, ya sea: en la transición a la universidad, en formaciones de cargos culturales y otros necesarios en la comunidad.
Se trabaja para fortalecer procesos del desarrollo: por medio de murales, pinturas y expresiones artísticas. Además el uso del idioma para impulsar la permanencia en el sistema educativo y abrir caminos hacia nuevas oportunidades, honrando las raíces que les traen a seguir formándose.
En esta localidad, cada clan tiene su cosmovisión bien definida y es importante visualizarles. Desde estos espacios de Orientación se han confeccionado: talleres, sesiones y el apoyo para la mejora de la infraestructura institucional. A pesar de los retos como: barreras lingüísticas y el difícil acceso, las personas orientadoras hacemos un gran esfuerzo para que florezcan talentos y voces comunales que forman parte de nuestra nación.
Así es como en ambos escenarios, la Orientación educativa se consolida como una práctica profundamente humana que no solo guía, sino que transforma comunidades; que no solo atiende, sino que previene y que, sobre todo, deja una huella imborrable en cada vida que toca.
*Este artículo fue elaborado con aportes de la colegiada Elizabeth Jiménez, orientadora de la Escuela de Villas de Ayarco y de Adrián Solís, orientador del Liceo Rural Jak Ksari en Alto Chirripó, a quienes el CPO agradece la colaboración.
