
Desde pequeña, Adriana Sancho tuvo una mirada privilegiada sobre la profesión que años después elegiría para su vida. Su madre, Grace Camacho Barquero, comenzó a estudiar Orientación cuando Adriana apenas estaba en kínder y, con el tiempo, ella pudo verla de cerca ejercer una profesión que parecía hacerla feliz.
Incluso compartieron parte de esa experiencia en el mismo colegio. Grace fue orientadora de su hija durante algunos años y también le impartió clases. Adriana recuerda cómo sus compañeros apreciaban a su madre y cómo ella realizaba su trabajo con entusiasmo, ilusión y una disposición constante para ayudar. Ver el cariño que recibía de los estudiantes y el impacto que tenía en sus vidas fue sembrando en ella una idea: qué bonito sería poder hacer algo que le gustara y, al mismo tiempo, ayudar a los demás.
Por eso, cuando llegó el momento de elegir una carrera, Adriana no necesitó pensarlo demasiado. Aunque en algún momento consideró estudiar Arquitectura, finalmente eligió Orientación. Más que seguir los pasos de su madre, encontró en aquello que había observado desde niña una vocación propia.
Hoy, compartir la profesión con Grace tiene para Adriana un significado especial. Su madre no solo fue su primera referencia sobre la Orientación, sino que continúa siendo su mayor maestra y una persona a quien recurre cuando necesita consejo ante alguna situación laboral. Incluso tuvieron la oportunidad de ser compañeras de trabajo, haciendo que ese vínculo profesional y familiar fuera todavía más cercano.
Ambas coinciden en que comparten una característica fundamental: son positivas y alegres. Para Adriana, ese optimismo fue precisamente uno de los rasgos de su madre que más la acercó a la profesión. Grace le enseñó, con su ejemplo, a buscar siempre la manera de salir adelante, incluso frente a las dificultades, y a hacer las cosas con amor.
Esa enseñanza también forma parte de la manera en que Adriana ejerce hoy como orientadora. Le gusta enseñar a sus estudiantes a mantener una actitud positiva ante las dificultades y a confiar en que pueden alcanzar aquello que se proponen. Para ella, orientar significa escuchar, acompañar y procurar que las personas se sientan bien mientras construyen su propio camino hacia la autorrealización.
Para Grace, ver a su hija convertirse en orientadora es motivo de profundo orgullo. Siente que Adriana pudo descubrir su propia vocación al observar el amor que ella ponía en su profesión y que, al elegir ese mismo camino, convirtió aquel ejemplo en algo nuevo.
Su historia demuestra que un legado profesional no consiste simplemente en continuar una carrera. Como señala Grace, también significa transmitir el amor por el servicio, la empatía, la escucha y el compromiso con los demás. En sus palabras, es sentir que una parte de ella “trascendió y dio fruto”.
Y quizás esa sea una de las formas más bonitas de entender el legado: cuando aquello que una madre hace con amor inspira a una hija a encontrar su propia manera de hacerlo también.


