
Hay legados que no se transmiten con palabras, sino con el ejemplo. Así ocurrió con Ileana Rojas y su hija Valerie Sequeira, ambas orientadoras y vecinas de Barrio San Rafael, quienes encontraron en la escucha, la empatía y el acompañamiento una profesión que hoy comparten.
Para doña Ileana, de 54 años, elegir Orientación fue un proceso que nació de manera natural. Desde siempre disfrutó escuchar a las personas, aconsejarlas y acompañarlas en momentos difíciles. Cuando conoció la carrera, reconoció en ella una profesión que coincidía con su forma de ser y con su deseo de aportar positivamente a la vida de los demás.
Valerie, de 30 años, creció observando ese ejemplo. Desde pequeña vio cómo su madre se convertía en esa persona a quien otros acudían cuando necesitaban hablar o recibir un consejo. Sin embargo, elegir la misma profesión no fue simplemente seguir sus pasos. Con el tiempo, descubrió que también disfrutaba escuchar, ayudar y acompañar, hasta encontrar en la Orientación una vocación propia.
Hoy, ser colegas es para ambas una fuente de alegría y orgullo. Comparten experiencias, conversan sobre los retos de la profesión y tienen la posibilidad de aprender una de la otra. Aunque coinciden en valores como la empatía, la paciencia y el deseo de ayudar, reconocen que cada una tiene su propia personalidad, experiencias y manera de ejercer la Orientación.
Para la hija, una de las enseñanzas más importantes que recibió de su madre es que antes de aconsejar hay que aprender a escuchar. También aprendió a no juzgar a las personas por lo que se observa a simple vista, sino a comprender que detrás de cada historia existe una realidad que merece ser escuchada con respeto y empatía.
Para su madre, ver a su hija elegir esta profesión representa uno de los regalos más bonitos de su vida: saber que encontró, en una profesión que ella ama, su propia manera de servir y acompañar a los demás.
Más que una profesión compartida, ambas entienden este vínculo como un legado de valores. La madre le transmitió a su hija una forma de mirar y acompañar a las personas; la hija tomó esas enseñanzas y comenzó a construir su propio camino. Porque, como ellas mismas lo resumen, un verdadero legado consiste en recibir algo hermoso de una generación y tener la oportunidad de hacerlo crecer desde la propia historia.
