
Una reflexión de la Fiscalía para las personas profesionales en Orientación de Costa Rica
En el contexto nacional actual, ante propuestas políticas que plantean reformas al modelo de los colegios profesionales y sus eventuales cierres técnicos, resulta necesario reflexionar sobre sus implicaciones para nuestra organización, la profesión y la sociedad costarricense. Como profesionales en Orientación, no debemos ser simples observadores de este debate, sino participantes activos, capaces de informarnos, analizar críticamente las propuestas y expresar nuestro criterio de manera responsable.
Un colegio profesional no debe entenderse únicamente como una cuota o un requisito administrativo, sino también como una instancia que contribuye a fiscalizar el ejercicio profesional, promover principios éticos, prevenir el intrusismo y proteger a la ciudadanía. La pregunta no es solamente cuánto cuesta pertenecer a un colegio profesional, sino también qué funciones cumple, qué garantías ofrece y cuál es su aporte a la profesión y a la sociedad.
¿Cómo se protege nuestro campo profesional?
La fiscalización del ejercicio profesional, la atención de posibles faltas éticas y la prevención del intrusismo contribuyen a resguardar nuestra disciplina y procurar que los servicios se brinden con la preparación y responsabilidad correspondientes. Asimismo, la organización colectiva permite visibilizar las necesidades del gremio y participar en las decisiones que afectan el reconocimiento y desarrollo de la Orientación en Costa Rica.
Reconocer la importancia del Colegio no significa considerarlo infalible. Tenemos derecho a exigir transparencia, eficiencia, participación y resultados verificables. Cuestionar las deficiencias y proponer mejoras es legítimo y necesario. Sin embargo, valorar la pertinencia de una institución también exige analizar las funciones que cumple y las consecuencias de su eventual transformación o eliminación.
Ante proyectos de ley que podrían incidir en la organización de los colegios profesionales, debemos asumir un papel activo: informarnos, analizar sus alcances y participar responsablemente en una discusión que puede repercutir en el futuro de nuestra profesión y en la protección de la ciudadanía.
Desde la Fiscalía se ha asumido la defensa del gremio mediante el trabajo conjunto con la Unión de Fiscalías, la elaboración de criterios jurídicos con apoyo de la Asesoría Legal y pronunciamientos frente a iniciativas que puedan afectar nuestra legítima organización. Asimismo, se ha contribuido a generar discusión y opinión a nivel nacional sobre este tema, cuyo desarrollo continúa bajo seguimiento.
Toda reforma debe analizarse con información y responsabilidad, considerando qué funciones podrían verse afectadas, quién las asumiría y cómo se garantizaría su continuidad.
El valor del Colegio y lo que está en juego
El Colegio de Profesionales en Orientación constituye un espacio de organización y protección del gremio que, mediante sus funciones de fiscalización, atención de asuntos éticos y defensa del ejercicio profesional legítimo, ha contribuido al reconocimiento y resguardo de nuestra disciplina. Como toda institución, puede y debe mejorar; sin embargo, sus deficiencias no deberían llevarnos a ignorar las funciones que cumple ni el valor de los mecanismos de protección que ofrece.
Una reforma legislativa no debería sustentarse únicamente en percepciones individuales o experiencias particulares. Requiere analizar evidencia, valorar sus efectos sobre el ejercicio profesional y la ciudadanía, y determinar qué ocurriría con las funciones y garantías existentes. Si un Colegio se debilita o desaparece, ¿qué institución asumiría sus responsabilidades?, ¿con qué competencias y recursos?, ¿qué mecanismos protegerían al gremio frente al intrusismo, las posibles faltas éticas y el ejercicio profesional ilegítimo? No contar con una estructura efectiva de protección podría dejarnos más expuestos y reducir nuestra capacidad de respuesta colectiva.
Por eso, antes de respaldar cualquier transformación, debemos conocer sus alcances y consecuencias. Cuidar nuestro Colegio no significa renunciar a la crítica ni oponernos a toda reforma; significa reconocer su valor, exigir que cumpla adecuadamente sus funciones y evitar que, en nombre del cambio, se debiliten garantías cuya pérdida podría tener consecuencias para la profesión y la sociedad.
La decisión debe tomarse con información, evidencia y responsabilidad, no únicamente desde la percepción de lo que el Colegio debería ser, sino también desde el conocimiento de lo que hace y de lo que estaría en juego si dejara de hacerlo.
