Vocación, ética y compromiso: la huella de Ana Luisa Guzmán

Semblanza de Ana Luisa Guzmán

La trayectoria de Ana Luisa Guzmán Hernández es un reflejo fiel del compromiso, la vocación y el profundo sentido humano que distinguen a la Orientación como disciplina.

Desde sus inicios profesionales en 1990, Ana Luisa ha dedicado su vida a acompañar procesos de desarrollo personal, educativo y social, dejando huella en cada espacio donde ha ejercido y consolidándose como una referente ética y académica para el gremio.

Su aporte al Colegio de Profesionales en Orientación (CPO) ha sido constante y significativo. Fue parte del grupo de profesionales que hicieron realidad el sueño de contar con un colegio profesional propio y, desde entonces, ha colaborado activamente en diversas instancias, integrando la Comisión de Género, el Tribunal de Honor y representando al CPO en espacios de incidencia nacional como la Asamblea Legislativa y el diseño del Reglamento Nacional de Salud Mental.

A lo largo de su carrera, Ana Luisa ha combinado el ejercicio profesional con una intensa labor académica y de formación continua. Ha sido orientadora en secundaria, docente universitaria en la Universidad de Costa Rica y fundadora del Centro Costarricense de Logoterapia Viktor Frankl, institución que hoy celebra más de una década de trabajo al servicio de las personas y del fortalecimiento profesional de colegas en todo el país. Su liderazgo también trascendió fronteras al presidir la Red Latinoamericana de Seguimiento y Evaluación (ReLAC), representando a Costa Rica y a la región en espacios internacionales.

También ha compartido diversas publicaciones en áreas de Evaluación, Educación y Orientación.

Recientemente, su compromiso con el conocimiento y la excelencia se vio coronado al recibir el Doctorado Supremo Honoris Causa por aportes a la Humanidad, otorgado por la Federación Internacional de Especialistas con sede en México. De esta manera, fue visibilizada su contribución desde la Orientación y la Logoterapia, en el ámbito educativo, específicamente al trabajar junto a la Secretaría de Educación de México, capacitando docentes, directivos de instituciones, gobiernos locales y universidades, etc.

Más allá de los cargos y los títulos, Ana Luisa se define por su amor genuino por la Orientación. Acompañar a las personas en la construcción de su proyecto de vida, estar presentes en momentos de dolor o de búsqueda de sentido y servir desde la empatía y la fe, son pilares que han guiado su ejercicio profesional. “Amo ser orientadora y, si volviera a nacer, elegiría esta profesión una y otra vez”, afirma con convicción.

Tiene un claro mensajes para las futuras generaciones de personas orientadoras: “amen profundamente la disciplina, porque solo así podrán disfrutarla y sentirse plenos y realizados. Nunca dejen de actualizarse y comprendan que siempre podemos aprender unos de otros.

Les invito a compartir experiencias sin egoísmos, que prevalezcan la humildad, el compañerismo, la compasión, la solidaridad y el amor como el sello de nuestra profesión”.

En lo personal, encuentra su mayor fortaleza en su familia: su esposo Álvaro, sus hijas Verónica y Daniela, su hijo Esteban y su nieta Emma, a quienes reconoce como una bendición diaria. Sueña con un mundo más solidario, amoroso y humano, y cree firmemente que las personas orientadoras tienen un papel clave en hacerlo posible. Su vida y su legado confirman que la
Orientación no solo es una disciplina, sino una forma de darle sentido a la vida y de dejar huellas profundas en quienes se cruzan en el camino.